Monday, October 31, 2005



  • PRODUCTO, SEGMENTO Y PARTICIPACION DE MERCADO

    DE : GERENCIA DE MARKETING
    A : DIRECTORIO SOCIEDAD CONCERTACION DE PARTIDOS POR LA DEMOCRACIA

    Diagnóstico
    Nuestro competidores, aunque con participaciones de mercado bastante menores que la nuestra han logrado penetrar en ciertos segmentos anteriormente fieles a nuestra línea Michelle.

    Ello podría resentir el resultado operativo, aunque no amenaza seriamente nuestro liderazgo. Particular preocupación nos genera las mejoras en algunos atributos de productos entrantes, esto es la marcas “Hirsh” y, en menor grado “Piñera”, ya que la consolidación de nuestro principal rival “Lavin” de hace 5 años ha cedido a una franca obsolescencia del producto.

    Aún en el peor escenario (fusión de empresas de la competencia y sin absorción de la marca Hirsh) nuestra posición dominante de corto plazo parece sólida. Sin perjuicio de ello debemos desarrollar una estrategia de marketing acorde a las nuevas fuerzas del mercado y a la percepción subjetiva, tanto de nuestros clientes como de segmentos abastecidos por nuestros competidores.

    Objetivo
    Consolidar nuestro liderazgo de mercado

    Lineamientos estratégicos
    1. Fidelización de la marca “Concertación” resaltando los atributos del producto.
    2. Asociar a nuestra figura pública a los logros consolidados de la empresa
    3. Generar asociaciones causales entre nuestra línea Michelle y; progreso, control de la delincuencia y gobernabilidad en ABC1, y; justicia, preocupación por los pobres y trabajo en C2 y C3.
    4. Resaltar más atributos de cercanía, ser mujer, calidez e intimidad, a través de spots que comprometan emotivamente al espectador.
    5. Desarrollar imágen de cacacidad propositiva y manejo de temas y reforzar la recordación de marca
    6. Apropiar los atributos Hirch enfatizando distribución del ingreso y concentración económica, explotando la menor trayectoria, credibilidad y controles de calidad del producto Hirch
    7. Enfatizar la seriedad y cercanía de la marca implementando una línea 800 para consultas del consumidor.



Sunday, October 23, 2005


Acerca de la caducidad de esta democracia

“¿Y ahora quién nos liberará
de nuestros liberadores?”
(Nicanor Parra)


Hubo una época en que la gente (alguna gente, claro), rayaba en las paredes cosas tales como "seamos realistas, pidamos lo imposible”. Un tiempo en que el horizonte era el límite y como éste, en una muestra de su infinita sabiduría, siempre estaba más allá del alcance de la mano, nos hacía esforzarnos por estar a la altura de su ensanchamiento geográfico con sueños, que si no lográbamos, al menos creíamos merecer. Una época en que a nadie le ruborizaba que lo señalaran de utópico, soñador o poeta. Un tiempo en que la gente, en muchas partes y en muchos idiomas, sonreía por la palabra futuro escrita, al menos así lo parecía, desde un presente muy prometedor.

Esa época, claro, ya no está y, obvio, no fue todo lo maravillosa que esperamos. No entonces. Y no ahora. Si no, cómo podríamos explicarnos, metáfora mediante, que a vuelta de página los libros sigan escribiéndose con los mismos tipos ajenos de editores poco amables, que más parecen hacerlos para ellos y contra toda consideración por los lectores. Una época (otra), en que las calles se vaciaron de personas, los muros se borraron de colores y las voces se apagaron. Otro tiempo. Uno en que nuestro país, la hermosa casa esquina con vista al mar que fuimos, se llenó de carteles de ‘se vende’ o ‘se arrienda’, y sus barrios fueron transformados en condominios, las plazas en centros comerciales y nuestra ciudadanía dejó de provenir de nuestra condición de habitantes de la ciudad, misma que solía hacernos sujetos de derechos políticos, para comenzar a hacerlo de nuestra capacidad o incapacidad de consumo.

Ahora, con el mercado como “la mejor red social” según la poco feliz imagen de Tironi (o como el real delimitador del bien y del mal, de otra forma), los sueños parecen escribirse con el puño cerrado, no ya porque así se los defienda o exija como en otros momentos, sino porque su alcance viene marcado por lo posible, esa limitada extensión acordada entre las cuatro paredes, el piso y el techo de las casas de nuestra clase política y económica que, curiosidades del lenguaje, cada tanto nos cita a las urnas no sabemos si para ver nacer la democracia o para ayudarla a morir. “No se puede ir más allá de lo posible”, apunta Enrique Correa, y uno, crecido en la lógica del tejo pasado de las negociaciones/confrontaciones con las autoridades universitarias de fines de la dictadura, se pregunta para qué lanzarlo si hasta el sitio de su caída pareciera estar definido.

Hubo otra época, otros actores y otros anhelos. Un tiempo distinto... pero quizá no tanto. ¿O acaso no hubo entonces, como ahora, amables invitaciones a cruzarnos de brazos porque la Historia era de otros y otros, conforme a ello, podían guiarnos hacia su encuentro mejor de cómo nosotros mismos podíamos siquiera pensar? ¿No se dijo entonces, como ahora e incluso mucho antes, que a las masas había que conducirlas, a los pobres darles techo y pan, o a las mujeres discriminarlas positivamente? ¿No hubo, por aquí o por allá, apoderados siempre dispuestos a representarnos y ser la voz de los sin voz, la punta de lanza de procesos democratizantes, el foco para su posterior desarrollo?

Cantando una vieja canción de Serrat que dice que “una vida sin utopías es como un ensayo general para la muerte”, y aunque la ‘cordura’ mande confesarnos ‘realistas’, me anoto en la fila de los soñadores, aunque no en la de los dormidos, y me resisto a creer que la realidad es una, lo posible esto, y la democracia solo una raya vertical sobre otra horizontal que cada cuatro, seis u ocho años se (hace como que se) nos pide. No vaya a ser cosa que esa sea la estrategia y cada uno de nosotros, en su casa y frente a la pantalla de un nuevo aparato de TV –cada vez más plano, sea por su tecnología, sea por lo que muestra–, terminemos pensando que eso es la democracia: un ejercicio que otros juegan y uno observa.

Leonardo Piña Cabrera

Monday, October 17, 2005



LA CONCERTACION , BACHELLET Y EL CHANTAJE DE GENERO


Me pregunto ¿cual es el plus que le pone a la política el que la candidata concertacionista sea una mujer? ¿Lo aportó en su momento Tatcher o Imelda Marcos, lo tendría Evelyn Mathei? ¿Le faltaba a Gandhi, le pesó a Allende?.

Los fundamentos de la apuesta política de una mujer presidenta tiene esa violencia chantajista del “discurso correcto”, es mal visto no guardar determinadas formas, se crea o no en ellas, incluso abstrayendo el fondo político.

Siento una inexplicable incomodidad con los términos con que es socialmente aceptado ahora referirse a las “personas con capacidades especiales”, a las “etnias originarias” o a quienes tienen ”otra opción sexual”. Me parece ver pronunciar empalagosamente estas palabras a quienes en privado dirían; tullidos, indios y maricones, tal como los aduladores de las cortes reales en presencia del rey le susurrarían mil elogios con calculado cinismo, mientras en el carnaval lo ridiculizarían sin piedad

Análogamente hay una inversión perversa en el plano simbólico al suponer que si la presidenta es mujer se generaría un cambio cultural per se, y se propiciaría un camino de progresismo, por el hecho de representar supuestamente la fractura del molde cultural patriarcal, como si Condoleesa Rice por ser mujer y afroamericana significara algún cambio progresista o alguna humanización de la política interna o exterior de los EEUU de Norteamérica.

¿No habría que traer al análisis el andamiaje de apoyos e intereses que la soportan y el contexto que la resignifica y viabiliza políticamente?. Porque si el rupturismo cultural formal fuese garantía de un proyecto de autentica emancipación sería mejor postular derechamente a una lesbiana, o mejor a un mapuche homosexual.

Pero hay, me parece, un olímpico juego de manos como el de los magos; si te fijas en mi mano derecha no ves lo que escondo con la izquierda... Hemos de hacer fe y confiar una vez mas en la concertación, a pesar de no conocer propuestas de desarrollo, de no tener ninguna participación en la generación de tal hipotético proyecto, a pesar que nuestro voto no ha cambiado nada de nada y seguramente no lo cambiará ahora, por el hecho que esta inanidad es sostenida por una mujer?

Es mujer, y eso debiera darnos confianza, sugiere algo como el hipnotizador de la televisión; ¡duérmasé….¡ se nos dice, cerrándonos a la fuerza los ojos con la mano.

O hipotetizemos un poco; ¿que pasaría si “Michelle” triunfara y tuviese una pésima gestión?, ¿vamos a postular para mantener el mito que por ser mujer la cofradía masculina la bicoteó?¿ O del otro lado, diríamos que al final era mujer y que estaba condenada por ello al fracaso en una cargo en que se requiere testosterona, y ceño fruncido?. Cualquiera de estas interpretaciones dejaría olímpicamente fuera a la persona y al proyecto político implícito.

En ese sentido la pregunta de si creemos que “el país esté preparado para una presidenta mujer” guarda un curioso isomorfismo con aquella de mediados de los 80’s: ¿condena o no Ud. la violencia “venga de donde venga”? o la eterna ¿entonces Ud. cree que el fin justifica los medios?

Tal vez debiera uno solo encogerse de hombros y decir “Su pregunta dice mas de Ud. que lo que mi respuesta probablemente le diría sobre mi”. . . .













AVISO : ESTA DEMOCRACIA HA CADUCADO

Salvo una que otra frase grandilocuente para la los futuros libros de historia, ¿Qué queda de los principios fundantes de la lucha contra la dictadura de Pinochet? ¿Qué relación tienen los funcionarios de partido, los diputados, los subsecretarios y jefes de departamento, los asesores “externos”, con los ciudadanos que salieron a las calles durante las protestas, con los que golpearon cacerolas, que estuvieron en el mitín estudiantil o poblacional, con todos quienes se manifestaron resueltamente contra la dictadura?

Poco, casi nada…. Respecto de la Concertación, el poder y los años fueron diluyendo los principios, luego los sueños, el pudor y finalmente hasta la vergüenza. Al final ha emergido al desnudo una suerte de razón cínica como nudo de sus conductas y actuaciones. En esencia y obviamente con múltiples excepciones, es ésta una coalición que se ha transformado en una sociedad por conveniencia para administrar el poder y profitar de él. Algo así como un grupo organizado de accionistas que se da cuenta que puede sacar mayoría en la siguiente junta y seguir así administrando el negocio, manteniendo a su gente en puestos directivos o pasándoles tareas de subcontratistas.

¿Recordarán estos funcionarios de la nomenklatura la idea de construir una sociedad democrática? ¿los conceptos de justicia y derechos humanos? ¿la deuda social?

Para delicia de comunicólogos los discursos justificatorios de tan farsezco abandono de principios son abundantes y sabrosos. El ex – ministro Enrique Correa lo decía de esta manera en una entrevista “No se puede ir mas allá que lo posible, eso es la política real, lo demás son utopías…” o Tironi respecto de la deuda social: “la mejor red social es el mercado”. Tautología pura ¿se pude ir más allá de donde es posible ir? No, claro. Pero lo que hay que decir es que dichos márgenes de lo posible son aquellos acordados por ellos mismos con la derecha pinochetista, los militares, Ministros de la Corte Suprema, empresarios, directorios de transnacionales, embajadores y personajes afines, todo en nombre de “la gente”. La medida de lo posible, patético eufemismo que encubre el escamoteo de los valores antes sustentados y que descalifica de paso a quienes contemplan sorprendidos la capacidad abductiva del sistema, a quienes por sobre todo nadie les ha preguntado sobre su idea de lo posible o lo imposible.

No hay nada diabólico en sostener ideas socialistas, socialdemócratas, recetas de mercado o políticas neoliberales, como por lo demás hace la Concertación. Cada quien es dueño de pensar como quiera y de cambiar sus convicciones. La fractura profunda con el movimiento social originario está en hacerlo en nombre de éste y de los principios de fondo que lo animaron, en pretender que son la única alternativa “que ofrece gobernabilidad”, sea lo que sea que esto signifique….., y en parasitar de la esencia antidemocrática del sistema político y económico, de manera de no enfrentar en realidad la crítica ciudadana. Para eso está el sistema binominal, el centralismo estatal, los recursos mediáticos y las oligarquías partidarias.

El software instalado y sus posibildades

En palabras de estos (hoy) acomodados caballeros, la Constitución es un acuerdo social fundante de la convivencia y fuente de la legitimidad social de las instituciones. No obstante se pasa por alto el que ésta fue aprobada con un fraude en condiciones de verdadero terror estatal, se cambian algunos de los artículos mas patéticamente antidemocráticos y se concluye que por la cantidad de modificaciones ésta ya se decoloró de sus tintes fascistoides y trocó en un libertario documento, no se sabe porqué extraña alquimia. Da lo mismo que su génesis no haya correspondido a un acto de reflexión y acuerdo social sobre la convivencia o la manera de sanjar las diferencias al interior de una sociedad compleja y diversa, es decir un acto de ejercicio democrático en si mismo, no, aunque proviene del cuartel, la “perfeccionan” los representantes del pueblo y con eso basta y sobra.

¿Y que tenemos por delante? ¿Qué ideas, que propuesta de desarrollo y de democracia para invitar a la ciudadanía a definir el país que se quiere construir? Tenemos la candidatura de la Doctora Bachellet, de cuyas diferencias con Lagos, Ricardo Nuñez ha expresado en el Diario la Tercera que “ la gran virtud que creo tendrá Michelle es que en un momento le va a decir al país como va a ser cada una de las cosas” (sic). Un engendro medíático cuya naturaleza la salva de tener que responder las preguntas anteriores dado que puede enarbolar para el rating atributos mucho mas vendedores que ideas de democracia, derechos humanos, desarrollo o cosas así, atributos tales como su “empatía”, el “género”, el ser jefa de hogar, el no guardar rencores con los torturadores de su padre y otras características por el estilo.

Se sostiene que es “la nueva política”, “!o que la gente quiere”, y que es en el ejercicio democrático que se verá que tanto interpreta el sentir de la ciudadanía. Pero hay un curioso paralelo con la elección “libre” de la gente en -digamos- la institución de Salud Provisional o de Previsión a la que quiere pertenecer. Una elección espuria entre tres o cuatro alternativas en un mercado oligopólico en que los mismos grupos económicos se reparten a los consumidores según normas que permiten todo tipo de abusos y asimetrías vergonzosas.

Bachellet, o como resetear el sistema

Pero volviendo a Bachellet ¿en que consiste esta identificación persistente con ella en tanto referente específico de una de las empresas de este oligopolio político?
Tal vez una de las conecciones profundas que explican la identificación de mucha gente con esta imagen tenga que ver con la renuncia resignada al orden neoliberal incrustado durante la dictadura y la sustitución por la forma que representa Bachellet. Mal que mal ella es el reverso simbólico de Pinochet. El dictador, encarnación de los peores antivalores, siempre lejano y protegido por una guardia de matones y una extensa red de obsecuencia y miedo, es el reflejo invertido de la calidez y cercana humanidad de esa Michelle maqueteada por los medios y los burocracias partidarias.

¿Pero no ha quedado la ciudadanía olímpicamente fuera con esta identificación? Si basta con la sintonía emocional ¿Dónde quedó la política de los ciudadanos? ¿Cuál es la brecha para que éstos construyan permanentemente la sociedad en que viven ellos y vivirán sus hijos?.

Y si la ciudadanía en su dimensión política queda afuera y se aceptó resignadamente el orden espurio de la dictadura, resulta que la única esperanza está en el corazón de Michelle….. ¿Cómo no darle una oportunidad si ella es buena, cercana y tan “como uno”?

Caballeros, si alguien pregunta por la democracia, vuelva a conectarse mas tarde, un par de generaciones mas tarde, …..